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Crónica de un cierre anunciado (Parte II)

  • Foto del escritor: Brenda Varela
    Brenda Varela
  • 27 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

Los días que siguieron se volvieron una sucesión de reglas nuevas que nadie terminaba de entender del todo. Salía una sola persona por familia, a lo esencial, con cubrebocas, guardando distancia, midiendo el aire como si también tuviera horarios. En los autos viajaba una sola silueta. Las calles se volvieron escenarios donde todos parecíamos actores de una película mal dirigida, repitiendo consignas que cambiaban cada semana.


La incertidumbre dejó de ser una palabra abstracta y se convirtió en un calendario en blanco. Nadie sabía cuándo terminaría aquello, cuánto tiempo más habría que vivir así, aislados, sin producir, sin recibir ingreso alguno. Las noticias dejaron de ser estadísticas: primero fue el rumor de un caso; luego, el caso confirmado; después, el conocido del conocido; más tarde, la primera muerte. Cada nombre que aparecía en los mensajes rompía un poco la ilusión de que aquello todavía ocurría “en otra parte”. El hostal, que apenas semanas antes había estado lleno, vivo, en ascenso, empezó a vaciarse por goteo. Pasillos que antes parecían ríos de voces se volvieron pasadizos detenidos. Cancelaciones, despedidas improvisadas, recomendaciones suspendidas en el aire. En cuestión de semanas, pasamos del entusiasmo al conteo de pérdidas. No entraba dinero, pero los recibos seguían llegando con puntualidad de verdugos discretos.


El problema ya no era solo cerrar: era no saber cuándo volver a abrir. No había fecha, ni horizonte, ni promesa. Los planes —esos que semanas antes parecían tan sólidos— empezaron a volverse objetos frágiles, como vasos puestos al borde de la mesa. Bastaba un gesto mínimo de la realidad para tirarlos. Comprendimos entonces, sin discursos, que el esfuerzo no siempre garantiza continuidad y que, a veces, la vida irrumpe sin consultar presupuestos, calendarios ni entusiasmo.


Algo entendimos en esos meses suspendidos: la vida no siempre avisa cuándo va a cambiar de rumbo. Lo que parecía estable se volvió frágil, y lo frágil encontró maneras inesperadas de sostenernos. Aprendimos a adaptarnos, a soltar proyectos que no sobrevivieron al golpe y a descubrir que algo puede volver a levantarse por rutas que jamás habríamos elegido.


Para algunos, aquellos meses fueron apenas una pausa incómoda; para otros, un quiebre definitivo. Vimos miedos ajenos que antes no sabíamos leer, duelos que no aparecían en las noticias, vidas que no regresaron a su lugar. Tal vez por eso salimos distintos: no más fuertes, quizá, pero sí más atentos al dolor de los otros, a los sueños que se rompen en silencio.


Cuando el mundo empezó a moverse otra vez, comprendimos que nada garantizaba la estabilidad. Que incluso lo que hoy parece firme puede volver a resquebrajarse. Que a veces no queda más que empezar de nuevo. Y, aun así, algo quedó en nosotros como una certeza discreta: incluso cuando todo parece perdido, todavía es posible que de las cenizas surja algo mejor de lo que habíamos imaginado.



 

 
 
 

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Acerca de Brenda

Traductora literaria y editorial
(inglés ↔ español)

Especializada en textos literarios, reflexivos y de fe, con un oficio lingüístico afinado, una mirada cultural amplia y formación en Letras Hispánicas.

Contacto

La Paz, Baja California Sur, México

+52 612 253 5144


bvarela@crafting-words.com


Miembro de AMETLI – Asociación Mexicana de Traductores Literarios

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